convivencia perros y gatos

La convivencia entre perros y gatos ha sido siempre una cuestión compleja. Ambas son especies diferentes, que viven y se relacionan de manera distinta por lo que juntarlos no es siempre una tarea fácil.

¿Son los gatos bastante independientes y prefieren vivir solos, sin la compañía de otras mascotas o no es así?

Para dar respuesta a esta cuestión, debemos entender primero cómo se organizan socialmente los gatos en libertad. De forma natural, los gatos tienen dos tipos de organización social. Por un lado, están los que forman colonias felinas, que son grupos donde conviven varias hembras y sus crías, y dónde los machos son miembros periféricos, que se mueven por varias colonias. Y, por otro lado, tenemos los gatos solitarios, que viven de forma independiente, como cazadores.

¿Y de qué depende que algunos gatos se agrupen en colonias y otros sean independientes?

Pues bien, se cree que principalmente depende de dos factores: en primer lugar, de la experiencia de cada gato, de tal forma que los gatos que provienen de colonias tenderán a formar colonias de adultos y los gatos solitarios tenderán a ser independientes; y en segundo lugar, dependerá de la cantidad y la disponibilidad de alimentos y otros recursos, de forma que si los gatos están en una zona donde tienen alimento de forma abundante van a tender a organizarse en colonias, mientras que en ambientes donde escasea el alimento tenderán a ser cazadores solitarios.

Si pensamos en los gatos que tenemos en casa como mascotas, aceptarán compartir territorio o no en función de su carácter (por ejemplo, a los gatos miedosos les cuesta más convivir con otros gatos u otros animales), de su procedencia (si son de colonia o bien solitarios) y de la disponibilidad y cantidad de recursos y espacio.

Cuando tenemos un gato en casa, ¿es buena idea pensar en aumentar el número de mascotas apostando por un perro?

Es una idea arriesgada. Antes de apostar por la introducción de un perro cuando ya tenemos un gato en casa debemos reflexionar y hacernos una serie de preguntas.

Primero, con relación al felino, ¿cómo es el carácter de mi gato?, ¿es miedoso?, ¿se estresa con facilidad?, ¿cuál es su umbral de tolerancia?, ¿es un animal geriátrico? y, por último, ¿ha tenido experiencias con perros previamente?, ¿fueron buenas o malas? En general, si tenemos un gato miedoso, muy sensible al estrés, o bien con temperamento, de edad avanzada o que no haya tenido contacto previo con otros perros o, si los ha tenido, que hayan sido malas experiencias, suele ser problemático incorporar un perro a la familia. En todos estos casos, llegar a una buena convivencia será muy complicado, va a requerir mucho esfuerzo y dedicación por parte de los propietarios y aún así, a veces no se logra una buena convivencia.

Segundo, con relación al perro, tendríamos que hacernos las mismas preguntas y además tener en cuenta que si el perro es un cachorro o un perro joven, al ser generalmente muy activos y a veces brutos jugando, será más complicado que aprendan a convivir con un felino.

¿Es cierto el mito de llevarse como el perro y el gato o realmente son animales que pueden convivir perfectamente?

Realmente, es posible conseguir una buena convivencia entre un perro y un gato, con lo cual podríamos decir que el mito de llevarse como el perro y el gato no siempre se cumple. Que haya una buena convivencia entre ambos dependerá mucho del perfil tanto del perro como del gato, y también de su entorno. De hecho, deberemos tener en cuenta todos los factores que ya hemos comentado (miedo, sensibilidad al estrés, tolerancia, edad, experiencias previas…), y tendremos que introducirlos de forma progresiva.

¿Qué debemos hacer para conseguir que nuestro gato se adapte a la presencia de un nuevo compañero, en este caso un perro?

Si queremos conseguir una buena convivencia entre ambos, será fundamental que inicialmente se tengan espacios separados dentro del hogar, de tal forma que una parte de la casa solo sea accesible para el gato, y otra solo para el perro. Después, el segundo paso será que se acostumbren al olor de uno y del otro, y lo haremos dejando un paño impregnado del olor del perro en la zona del gato y viceversa. Más adelante, dejaremos que se encuentren a ratos bajo supervisión, y siempre en un contexto positivo (de juego, comida apetitosa para ambos…). Y finalmente, si vemos que se aceptan bien, dejaremos que compartan cada vez más tiempo juntos hasta llegar a una convivencia completa. El tiempo que se tarda en llegar a este punto dependerá de la compatibilidad entre ambos animales.

¿Es más sencillo si decidimos elegir un nuevo gato, es decir, que sean dos pequeños felinos en casa?

En algunas ocasiones, efectivamente será más fácil conseguir una buena convivencia entre dos gatos que entre un perro y un gato, puesto que son de la misma especie y por tanto comparten el mismo lenguaje. Pero de nuevo, va a depender mucho del entorno y del perfil de los gatos: carácter miedoso, temperamento, edad, sexo, espacio, recursos… Y, en cualquier caso, la introducción deberá ser progresiva.

¿Y si en principio se llevan mal y no es sencilla la convivencia entre ambas mascotas?

Cuando aparecen conflictos y problemas de convivencia entre dos mascotas, ya sea entre un perro y un gato o entre dos gatos, lo mejor que podemos hacer es empezar de cero, es decir, separar los dos animales y reintroducirlos de forma progresiva. Debemos tener en cuenta que una reintroducción requiere tiempo (hasta 2 o 3 meses) y que tenemos que progresar muy lentamente para que sea efectiva.

Por otro lado, habría que revisar que haya recursos suficientes para ambas mascotas, para evitar situaciones en las que compitan por recursos, y que tengan espacio para estar tranquilos, sobre todo en el caso de los gatos, que en general son más sensibles al estrés.

¿Es más sencillo si empiezan a convivir cuando son cachorros?

Normalmente, sí. Los cachorros, sobre todo cuando están en periodo de socialización (de las 2 a las 6 semanas en el gato y de las 3 a las 12 semanas en el perro), están más abiertos a nuevas experiencias y suelen tener mayor capacidad para adaptarse a distintas situaciones. No obstante, seguirá siendo importante hacer las introducciones poco a poco, y si es posible, siempre creando contextos positivos (con juguetes para ambos, comida muy apetitosa…).