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Quimioterapia

Ciertas modalidades de cáncer en perros y gatos pueden tratarse con quimioterapia (citostáticos). El tratamiento con quimioterapia tiene como fin liberar al animal de síntomas y ayudarle para que se encuentre bien, tanto durante como después de la terapia y, en general, el mayor tiempo posible.

Póngase en contacto con un veterinario

Si cree que los síntomas son los adecuados para su animal, le recomendamos que se ponga en contacto con un veterinario para una consulta.

Los perros y gatos a los que se administra quimioterapia se sienten normalmente bien durante todo el período de terapia. Aunque se emplean los mismos compuestos con los animales que con las personas, no es habitual que las mascotas padezcan efectos secundarios, lo cual se debe a la dosificación y también al hecho de que perros y gatos, sencillamente, toleran mejor estos fármacos. Además, dado que el crecimiento de su pelaje no sigue el mismo mecanismo que en los seres humanos, los animales no pierden pelo del mismo modo.

Los citostáticos (quimioterapia) constituyen un grupo de diversos medicamentos que se administran de manera distinta y presentan también características diferentes. Mientras que unos se suministran en forma de pastillas, otros se proporcionan mediante inyección intradérmica o directamente en la vena.

Comparten algunos mecanismos de actuación, el hecho de afectar a todo el organismo y, sobre todo, su efecto sobre las células que se multiplican activamente. Por eso perjudican en ocasiones el estómago y la mucosa intestinal, lo que puede producir síntomas como inapetencia, vómitos o diarrea. También se ve afectada la producción de sangre en la médula ósea, motivo por el cual deben realizarse análisis de sangre periódicos.
En la mayoría de los casos en que se recomienda el uso de citostáticos como única terapia o parte de ella, se utilizará un "tratamiento con pulsos", lo que normalmente significa que el paciente será tratado cada tres semanas, y en total de 3 a 6 veces. Solamente con los linfomas malignos el programa de tratamiento presenta una mayor frecuencia, con un intervalo de 1, 2 o 3 semanas entre las visitas.

El perro o gato permanecerá en casa todo el tiempo, acudirá a la cita prevista y, tras el correspondiente análisis de sangre, recibirá su tratamiento y regresará luego a su hogar. La visita suele durar unas horas.

En casa debe tenerse particular cuidado los primeros días con los contactos estrechos y los fluidos corporales.