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Castración de perros

La castración consiste en extirpar los testículos en el macho, y, normalmente, el útero, los ovarios y las trompas de Falopio en la hembra, si bien solo se extirpan los ovarios si se emplea cirugía laparoscópica.

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¿Por qué se castra a los perros?

Hoy en día se castra a los perros por diversos motivos. Puede haber razones médicas, por ejemplo, si el animal sufre criptorquidia, prostatitis, cáncer testicular, epilepsia o diabetes.

La decisión también se puede deber a cuestiones de comportamiento. Las hembras en celo pueden afectar mucho a los machos, los cuales lo manifiestan dejando de comer, aullando continuamente e intentando escaparse a la mínima oportunidad para ver a la perra. La pérdida de peso y el estrés derivados de los ciclos de celo pueden ser otro motivo para la castración, ya que esta hace desaparecer el deseo sexual del animal y, en consecuencia, las conductas asociadas a este.

Algunas perras pueden resultar muy afectadas o sentirse cansadas durante el celo, mientras que otras sufren mucho por los embarazos psicológicos.

La castración del macho

Una alternativa a la castración quirúrgica consiste en ponerle un implante hormonal subcutáneo al perro, método con el que se obtiene el mismo efecto, pero con una duración limitada en el tiempo. Todo lo que se describe a continuación en relación con la afectación del comportamiento y demás es aplicable a la castración tanto química como quirúrgica.

Por lo general, el veterinario recomendará la castración quirúrgica si existen indicaciones médicas y también si se observan determinados cambios de comportamiento, pero en este último caso suele realizarse una primera evaluación con un implante hormonal.
Es importante ser consciente de que ciertos comportamientos del macho no guardan relación directa con las hormonas, en consecuencia, la intervención solo obtendrá un resultado positivo si la causa reside en las hormonas sexuales. Cabe señalar que determinadas conductas son controladas sexualmente, pero no se deben solo al efecto de las hormonas, sino que también son el resultado de un comportamiento "aprendido". La probabilidad de que la conducta del perro cambie a mejor es mayor si se castra a una edad temprana. Si el perro se muestra agresivo con otros perros o tiene un intenso comportamiento territorial, a veces una castración puede remediarlo o reducirlo. Normalmente, los problemas de jerarquía entre la persona y el perro tampoco se resuelven castrando al animal.

Los instintos de caza y pastoreo, por ejemplo, no suelen desaparecer a raíz de la castración. Si un perro era activo antes de someterse a la intervención, lo más probable es que lo siga siendo después. Los cambios de comportamiento que manifiesta un perro después de ser castrado son individuales y pueden variar mucho. Pueden deberse total o parcialmente a que el perro no se mueva tanto como antes o a que haya engordado por consumir un pienso demasiado energético. La personalidad del perro responde más a la influencia de los genes y del ambiente que a la de las hormonas sexuales.

Intervención quirúrgica del macho

A fin de que la higiene sea impecable durante el procedimiento, es importante preparar óptimamente al perro antes. El animal recibirá anestesia general y se le administrarán analgésicos durante la operación y posteriormente. Una vez que el perro está dormido, se rasuran el escroto y la zona que lo rodea, después de lo cual se procede a su esterilización y desinfección. Asimismo, el campo quirúrgico se cubre con paños estériles a fin de evitar infecciones y se aplica anestesia local antes de comenzaren la intervención se ligan los vasos sanguíneos y el conducto deferente y se extirpan los testículos a través de una incisión en el escroto o delante de este.

Cuidados posteriores del macho

Normalmente, las heridas se suturan con puntos que se retiran transcurridos de 10 a 12 días, o bien con puntos que se eliminan solos en un par de semanas. También es posible cerrar la herida mediante una sutura adhesiva.

Es importante ponerle un collarín al perro para que no pueda lamerse ni intentar quitarse los puntos. La mayoría de los perros aceptan el collarín relativamente rápido y no les molesta: después de un breve período de habituación, pueden comer y beber con él puesto sin ninguna dificultad.
La herida quirúrgica está inevitablemente expuesta a movimientos constantes, por lo que debe evitarse toda actividad innecesaria que pueda perjudicarla aún más. Durante las dos primeras semanas, el perro debe llevar la correa puesta durante los paseos y debe evitarse que juegue con otros perros y que salte.
La mayoría de los perros castrados pueden volver a casa el mismo día. Se le entregará al dueño una receta de analgésicos para que se los administre unos días después. No debe dejarse solo en casa ese día, pero puede comer después de ser recogido.
Las hormonas tardan un par de semanas en desaparecer por completo del organismo. Por lo tanto, durante el período inicial, puede producirse un apareamiento fértil con los espermatozoides que todavía haya en el conducto deferente. Los espermatozoides pueden permanecer en el epidídimo hasta alrededor de 2 meses después de la castración.

Efectos secundarios de la castración de un macho

  • Aumento de peso: Las hormonas sexuales regulan el apetito y el metabolismo del perro. Reducen la sensación de hambre de los perros que no están castrados, a la vez que estimulan indirectamente el metabolismo. Una vez realizada la castración, cesa el efecto de estas hormonas, lo cual se suele traducir en un aumento del apetito, a la vez que disminuyen las necesidades de energía. Con frecuencia, la consecuencia de ello es el sobrepeso si el dueño no es consciente de los riesgos y no los reduce. Si el perro engorda, aumenta el riesgo, por ejemplo, de que desarrolle diabetes o artropatías, de que se reduzca su esperanza de vida media, de que tenga menor resistencia física y tolere peor el calor, y de que esté expuesto a más riesgos en relación con la anestesia. Sin embargo, evitar el sobrepeso después de la castración no suele suponer un problema. Los factores determinantes son dos: que el perro haga ejercicio y cambiarle el pienso o reducir la cantidad. Inmediatamente después de la intervención, deberá supervisarse la ingesta de pienso y ajustarse según proceda, antes de que el animal llegue a engordar.
  • Cambio de la calidad del pelaje: La castración también puede causar cambios en el pelaje. Las razas de pelo medio y largo pueden experimentar un intenso crecimiento del manto inferior.
  • Incontinencia urinaria: La castración puede aumentar el riesgo de desarrollar incontinencia urinaria, es decir, que el perro miccione involuntariamente, sobre todo mientras está en reposo. Este trastorno tiene su origen en que el esfínter uretral no consigue cerrarse porque las hormonas sexuales ya no ejercen su acción. Puede aparecer a los 10 meses de la castración y hasta varios años después. Es poco común entre los machos —el riesgo es inferior al 1 %—, pero cuando se produce es más difícil de tratar que en las hembras.

La castración de la hembra

En el método tradicional de castración (ovariohisterectomía, OHE) se extirpan, además de los ovarios, el útero y las trompas de Falopio, eliminándose así el riesgo de que la hembra sufra enfermedades relacionadas con el útero, como la piometra, consistente en una infección. Asimismo, la castración puede mejorar patologías como la diabetes y la epilepsia. Por último, las perras que se sienten muy cansadas o alicaídas durante el celo o que sufren pseudogestación suelen beneficiarse de la castración.

Variantes de castración de la hembra

En los hospitales y clínicas de AniCura se realiza tanto la ovariohisterectomía (OHE), en la que se extirpan los ovarios, las trompas de Falopio y el útero, como la ovariectomía, procedimiento en el que solo se extirpan los ovarios y que se lleva a cabo mediante cirugía laparoscópica.

Las perras no se suelen someter a la esterilización, intervención que consiste en seccionar o ligar la conexión entre los ovarios y el útero (trompas de Falopio), de modo que el embarazo no sea posible.

Momento adecuado para la castración una perra

La castración planificada de una hembra sana debe llevarse a cabo durante el período entre celos —conocido como anestro— a fin de minimizar el riesgo de complicaciones. Es menos adecuado planificar una castración cuando la perra está en celo o tiene un embarazo psicológico, pero puede ser necesario si se constata alguna patología, como la piometra, dado que los síntomas se manifiestan a menudo durante el período posterior al celo, cuando algunas perras sufren un embarazo psicológico.


Intervención quirúrgica de la hembra

Cuando se castra a una hembra sana, se suele llevar al veterinario por la mañana y por la tarde ya recibe el alta. Al igual que en cualquier otro procedimiento, la higiene es fundamental y el animal debe prepararse correctamente antes.

La intervención se realizará bajo anestesia general y la perra recibirá analgésicos durante la operación y algunos días después.
Una vez que la perra está dormida, se procede a lavar y desinfectar la parte inferior del abdomen y, a continuación, se cubre el campo quirúrgico con paños estériles. Si se va a efectuar una ovariohisterectomía, se practica una incisión en la pared abdominal y se extirpan el útero, las trompas de Falopio y los ovarios. Para practicar una ovariectomía se introducen un fino tubo metálico con fuente de luz y una pequeña videocámara a través de pequeños orificios realizados en la pared abdominal; el veterinario puede seguir en una pantalla el procedimiento, en el que se extraen los ovarios pero se deja el útero. Dado que la producción de hormonas cesa al extirpar los ovarios, el riesgo de padecer piometra suele ser reducido, pero si, durante la laparoscopia se observa que el útero no tiene un aspecto normal, se practicará una incisión abdominal para poder extraerlo. La ventaja de la cirugía laparoscópica reside en que es menos invasiva y, por consiguiente, la convalecencia es más breve.


Cuidados posteriores de la hembra

La herida quirúrgica no debe someterse a esfuerzos innecesarios. Durante los primeros días posteriores a la intervención, deben evitarse los paseos largos, los juegos con otros perros y los saltos. Se recomienda sacar a pasear a la perra con correa hasta que le quiten los puntos o se acuda a la revisión.
A fin de evitar que se mordisquee o se lama los puntos, normalmente se requerirá ponerle un collarín. La mayoría de los perros se acostumbran rápidamente a llevarlo y pueden comer y beber sin necesidad de quitárselo. En algunos casos puede ponerse a la perra una camiseta postoperatoria para proteger la herida, siempre y cuando no intente quitársela ni acceder a los puntos.
Los puntos de la piel se retiran transcurridos de 10 a 12 días. En ocasiones, la herida se cierra con sutura adhesiva o se emplea hilo reabsorbible, en cuyo caso no es necesario retirar los puntos.

La herida quirúrgica debe examinarse a diario. Es normal que la zona circundante presente una ligera hinchazón y que secrete una pequeña cantidad de líquido transparente o algunas gotas de sangre. Si la hinchazón es importante o está dura, si la zona está caliente y enrojecida, huele mal o secreta un líquido purulento, pueden ser señales de infección y debe contactarse con el veterinario, lo cual también se debe hacer si la herida sangra.

Efectos secundarios de la castración de una hembra

  • Aumento de peso: Las perras castradas pueden desarrollar sobrepeso más fácilmente a raíz de que ya no se liberan las hormonas sexuales responsables de regular la sensación de hambre y el metabolismo. Las perras con sobrepeso corren un riesgo mayor de desarrollar patologías como diabetes, trastornos cardíacos y circulatorios y artropatías, y pueden tener menos energía y menor tolerancia al calor, así como una esperanza de vida más reducida. Por todo ello, antes de la castración o a raíz de esta, es importante controlar la ingesta energética de la perra y, si fuera necesario, reducir las porciones un poco y/o cambiar a un pienso bajo en energía. El ejercicio también es una buena forma de prevenir el sobrepeso tanto en animales castrados como sin castrar.
  • Cambios en el pelaje: Después de la castración pueden producirse cambios en la calidad del pelaje, lo cual puede ser más manifiesto en las razas de pelo medio y largo, ya que pueden experimentar un mayor crecimiento del manto inferior.
  • Incontinencia urinaria: Puede aparecer aproximadamente a los 10 meses de la castración y hasta varios años después. Normalmente es posible tratar con éxito la incontinencia con fármacos, pero el tratamiento puede ser de larga duración, a veces incluso de por vida. Antes de diagnosticar incontinencia han de descartarse otras causas de la pérdida de orina, como una infección de las vías urinarias.

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