La radioterapia, que emplea rayos X de alta energía para tratar el cáncer, lleva mucho tiempo aplicándose en humanos con eficacia en la lucha contra esta enfermedad. En los animales, su uso está bien documentado a nivel internacional en los últimos 30-40 años.

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¿Cómo se realiza el tratamiento de radioterapia?

Para la radioterapia se coloca al paciente en una posición en la que solo la zona a tratar queda expuesta al trayecto de los rayos X.

A fin de que el perro o el gato se mantenga inmóvil, es necesario administrarle anestesia o tranquilizantes.

La radiación actúa tanto sobre el tejido tumoral como sobre el tejido sano presente en la zona irradiada. Una sola mega dosis podría matar todas las células tumorales, pero también dañaría considerablemente los tejidos sanos. En consecuencia, la radioterapia resulta más eficaz si se administra en una serie de dosis más pequeñas —llamadas fracciones— a lo largo de un período de varias semanas. El perro o gato puede permanecer ingresado en la unidad cuidados intensivos o bien acudir a la clínica los días de las sesiones programadas.

La radiación dañará las células tumorales en el momento del tratamiento, pero el efecto no será visible hasta transcurridos varios días o varias semanas, en función de la velocidad de crecimiento del tumor. En algunos casos, el tumor puede desaparecer por completo. En otros, sobre todo si el tumor es grande y afecta al tejido óseo, suele permanecer una hinchazón —formada por tejido cicatricial inactivo— en el lecho tumoral que rara vez causa problemas. Muchos animales viven muchos años con ese tejido cicatricial.

La respuesta del tumor a la radiación depende de una serie de factores, como son el tipo de cáncer, su extensión y localización, cuánto tejido tumoral se ha podido extirpar, etc.

En algunos casos, la radioterapia es muy eficaz y es muy probable que se puedan hacer revisiones a largo plazo o incluso que el animal se cure totalmente. En estos casos, el tratamiento debe administrarse en muchas dosis pequeñas, por ejemplo, 16 sesiones a lo largo de 4 semanas.

En los casos en los que las probabilidades de curación son reducidas, la radioterapia puede ser valiosa para frenar el crecimiento del tumor o reducir su tamaño notablemente. Asimismo, puede eliminar las molestias o los dolores causados por el tumor, de modo que el animal lleve una vida normal durante seis meses más o quizás incluso durante varios años.

Antes de comenzar el tratamiento, los veterinarios le hablarán del objetivo de la radioterapia y de las expectativas.

Efectos secundarios de la radioterapia

Es raro que los animales sufran efectos secundarios graves y desagradables derivados de la radiación. Los síntomas de malestar generalizado y cansancio que pueden manifestarse en los seres humanos no se producen en los animales, ya que la estrategia de tratamiento es muy diferente. No obstante, el tejido que rodea el tumor o la cicatriz quirúrgica no se pueden sustraer por completo al efecto de la radiación.

Hacia el final del período de tratamiento se puede observar una cierta afectación local de la piel en la zona irradiada. Es común que aparezcan un ligero enrojecimiento y, en ocasiones, alteraciones similares a un eccema que pueden ser supurativas.

La reacción cutánea suele presentar su fase más pronunciada de 2 a 3 semanas después del tratamiento, lo cual puede requerir la administración de analgésicos, pero irá remitiendo y se curará sola. Durante este tiempo debe evitarse que el animal se lama o se mordisquee.

También pueden aparecer efectos tardíos en la piel, como ausencia de pelaje o un color distinto en el pelaje nuevo. Cabe esperar que la zona irradiada se quede sin pelaje o con un pelaje de color y calidad distintos, aunque a veces es posible que no se note nada.

Si se aplica la radioterapia en la cavidad bucal, lo que reaccionará es la mucosa bucal, que puede estar dolorida y enrojecida durante un tiempo después de haber concluido el tratamiento.

No es común que se produzcan efectos secundarios más graves, pero en casos raros pueden manifestarse, desde meses hasta varios años después de la radioterapia, en forma de procesos de degradación en el tejido conjuntivo, el esqueleto, los tendones, etc. y, en casos aislados, con la formación de un tumor en la zona irradiada.

Una vez finalizada la radioterapia, se realizarán revisiones periódicas del animal con una frecuencia que se determinará caso por caso.

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