hernia discal perros

La hernia discal en los perros

La espalda del perro, al igual que la humana, se compone de estructuras vertebrales dispuestas unas sobre las otras. Entre las vértebras hay situado un disco amortiguador del cartílago. En las hernias discales, o el disco se ha desplazado hacia arriba, insertándose en el canal vertebral, donde se localiza la médula espinal, o bien ha explotado, vertiendo una masa gelatinosa o, a veces, dura y calcificada, en el citado canal vertebral.

El canal vertebral alberga la médula espinal del perro. Cuando un perro sufre una hernia discal, la masa del disco presiona sobre la médula espinal y sus menínges. En caso de dañarse la médula espinal se incapacitará el cuarto trasero o las cuatro patas, dependiendo de la ubicación de la hernia. También pueden producirse hemorragias tanto alrededor de la médula espinal como dentro de esta, que pueden causar la inflamación y destrucción del tejido.

Síntomas

Los síntomas oscilan entre el dolor y la parálisis total, según la magnitud de la lesión y su localización. Las hernias discales son más comunes entre las últimas vértebras torácicas y las vértebras lumbares , aunque a veces afecta también a las vértebras cervicales. En las hernias discales cervicales de gravedad, el animal puede quedar paralizado en sus cuatro patas.

Las hernias discales pueden dividirse a grandes rasgos en cinco grados:

  1. Dolor pero sin evidencia de alteración de la función nerviosa.
  2.  El perro presenta una motricidad reducida (parexia) pero puede mantenerse de pie y caminar.
  3. Presenta pérdida de motricidad y no puede mantenerse de pie ni caminar
  4. Tiene parálisis, pero mantiene una sensibilidad profunda al dolor, lo que significa que el perro reacciona si le pellizcan con fuerza en la extremidad.
  5. Parálisis total, sin sensibilidad profunda al dolor.

Diagnóstico

La mayoría de las hernias discales no se aprecian en las radiografías convencionales, ya que los discos se componen de cartílago. En algunos casos, los discos destruidos pueden calcificarse, lo que permite visualizarlos también con rayos X ordinarios. Ahora bien, para poder efectuar un diagnóstico preciso se requiere casi siempre de una radiografía de contraste (mielografía). Consiste en la inyección de un agente de contraste en el canal vertebral al objeto de averiguar la localización del estrechamiento. La mielografía no está exenta de riesgo y está en desuso ya que se disponen de métodos más avanzados que son la resonancia magnética y tomografía computarizada (TAC), que permiten observar con una mayor precisión dónde se halla la alteración.

Tratamiento

Un tratamiento conservador funciona por lo general mejor con los perros encuadrados en los grupos sintomáticos 1que con los de los grupos 2-5.

Se basa en un reposo absoluto. Hay que evitar que el perro se mueva ni siquiera dentro de la casa, debiendo permanecer en una jaula o atado y teniendo que transportarlo en brazos (por ejemplo, por las escaleras) durante las primeras semanas. El dolor y la inflamación se tratan con fármacos, siendo fundamental que el animal no pueda moverse libremente cuando comience a sentirse mejor.

Los perros de los grupos 1 manifiestan en la mayoría de los casos una notable mejoría en un plazo de 2-8 semanas. La intervención quirúrgica puede suponer una opción en los perros de los grupos sintomáticos 1 y 2 si no responden al tratamiento médico o se les han reproducido los síntomas. Sin embargo, la intervención en ese caso no corre tanta urgencia, pudiéndose programar.  Por lo general, a los del grupo 3 debe intervenirse lo antes posible pero es una cirugía programable salvo que empeore y pasa a grupo 4, entonces debe intervenírseles de urgencia. El pronóstico es muy malo si el perro ha perdido su sensibilidad profunda al dolor (grado 5) debido a una importante hernia discal que le oprime la médula espinal. Si se decide intervenir debe ser inmediato.

En la operación de hernia discal se abre el canal vertebral para poder acceder a él con el fin de extraer la masa discal expulsada y dejar espacio a la médula espinal. Ahora bien, esta cirugía no está exenta de riesgos. La médula espinal es una zona muy delicada, pudiendo la propia operación agravar los síntomas con hemorragias, inflamación y un nuevo traumatismo de la médula. Se trata de una  cirugía que debe ser realizada por cirujanos traumatólogos o neurocirujanos experimentados. A veces, la médula se encuentra tan deteriorada por causa de la hernia discal que resulta imposible recuperar su funcionalidad aunque la intervención sea un éxito.

Después de una operación de hernia discal tras la parálisis del perro (grupo 3), suele precisarse de un largo período de rehabilitación. Durante este tiempo al animal le costará mucho trabajo caminar. Además, al principio, puede presentar incontinencia y necesitar de asistencia para vaciar su vejiga. Se requerirá de fisioterapia. Dado que le cuesta darse la vuelta, hay que permanecer atento para evitar úlceras por decúbito y demás complicaciones. Sin embargo, el pronóstico suele ser bueno de cara a la recuperación, aunque puede llevar tiempo.

Revisado por Jose Rial, Veterinario y Practice Manager AniCura Marina Baixa Hospital Veterinario