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Oftalmología

Acude inmediatamente a un veterinario si tu perro o gato tiene un ojo rojo o muestra signos de dolor ocular, como, por ejemplo, entornar los ojos, mantener un ojo cerrado o frotárselo con una pata.

Las enfermedades oculares que se dan en los seres humanos también son frecuentes en perros y gatos. Estos pueden sufrir, por ejemplo, cataratas, glaucoma, ojo seco (queratoconjuntivitis seca), desprendimiento de retina, úlcera corneal, tumores, inflamaciones de la conjuntiva o la córnea y de partes más profundas del ojo, como el iris y la retina. Una causa común de urgencia oftalmológica es que el animal entrecierra un ojo o presenta un flujo ocular pegajoso. En estos casos, se tiñe la córnea del ojo con fluoresceína para detectar posibles úlceras corneales.

A los pacientes que muestran síntomas en la córnea o la conjuntiva se les suele practicar el test lagrimal de Schirmer, una prueba específica para valorar la producción de lágrima. En ocasiones, se toman muestras para realizar una citología, por ejemplo, si se observan signos de infección.

Si hay dolor en un ojo, lo habitual es medir la presión mediante una tonometría. Una presión intraocular excesiva indica que el perro o el gato tiene glaucoma, mientras que una presión insuficiente es señal de uveítis, una inflamación de la úvea/del iris.

Las partes externas del ojo pueden examinarse con una lámpara de hendidura; para las partes internas se emplean diferentes instrumentos, como el oftalmoscopio y el gonioscopio. Si se requieren exámenes más amplios, puede recurrirse a una ecografía o a una electrorretinografía.

Dependiendo de los resultados de la exploración ocular, pueden ser necesarios diferentes tipos de tratamiento, tanto médico (tratamiento local con gotas y, a veces, pastillas o goteo intravenoso) como quirúrgico. Algunos ejemplos de afecciones que requieren cirugía ocular son las cataratas (se sustituye el cristalino por una lente artificial), las pestañas con crecimiento anómalo y las úlceras profundas que perforan la córnea.

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