La castración química, a diferencia de la quirúrgica, es un proceso reversible. El tratamiento es distinto para el perro que para la perra.

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La castración química del perro

La castración química o médica del macho consiste en introducir un implante hormonal bajo la piel que actúa inhibiendo la actividad de los testículos. Estos disminuyen notablemente de tamaño y se mantienen pequeños mientras actúa el implante. Cuando vuelven a crecer significa que está desapareciendo el efecto del organismo.

El tratamiento con hormonas tiene como fin principal examinar si desaparece un comportamiento no deseado del perro. Si el resultado es positivo, por lo general también funcionará una castración.

La castración química está considerada dopaje. El perro debe observar un plazo de espera de seis meses desde el final del tratamiento hasta que puede volver a ser exhibido o competir. No existe la posibilidad de solicitar una exención para perros macho.

Los implantes se presentan en dos dosis: la más baja surte efecto durante, como mínimo medio año, (algo más en los perros de menor tamaño), mientras que la más alta actúa durante aproximadamente un año. La primera vez que se prueba el implante en el perro suele elegirse el efecto más breve para observar la evolución.
Se requieren alrededor de seis semanas para que el implante despliegue todo su efecto sobre el deseo sexual y la fertilidad, de modo que, durante este período, se debe seguir manteniendo a los machos tratados separados de las hembras en celo. Si se vuelve a aplicar un implante en el plazo indicado después del último aplicado, el efecto es inmediato.

Efectos secundarios

En algunos perros se observa una reacción local en el lugar de la inyección que se manifiesta en forma de hinchazón pasajera o una leve inflamación del tejido subcutáneo.

Al igual que en la castración quirúrgica, el perro puede tener mayor tendencia a engordar y, en raros casos, puede cambiar la calidad del pelaje o desarrollar incontinencia urinaria.

Inicialmente, el implante puede provocar que aumente la producción de testosterona hasta que, transcurridas unas semanas, esta desaparezca como parte de los mecanismos de retroalimentación del organismo. Por consiguiente, durante las primeras semanas, es posible que el perro se muestre más afectado por la testosterona, aunque es poco común que esto suceda.

La castración química de la perra

La castración química de la hembra tiene por principal objetivo controlar el celo aplazándolo durante un período más o menos largo. Se le pueden administrar hormonas para retrasar el celo o eliminar el ciclo de celo natural. Por consiguiente, la perra no podrá quedarse encinta durante este período.

El primer tratamiento se administra durante el anestro (el período entre celos) y preferentemente después del segundo celo. Un tratamiento hormonal a largo plazo puede presentar el riesgo de que la perra desarrolle patologías como la piometra y/o tumores de mama (en función del compuesto administrado). La castración química, a diferencia de la quirúrgica, es un proceso reversible. Por lo tanto, la perra podrá utilizarse para la cría una vez finalizada una castración química.

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